Javier Bertucci, un pastor que quiere ser el presidente de Venezuela

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Hace casi 40 años, Coromoto tuvo una premonición en el poblado de San Nicolás, en el estado venezolano de Portuguesa. Le dijo a su nieto Javier: “Tú vas a ser presidente”. El niño de diez años no le prestó atención. Ahora es uno de los cuatro candidatos que se disputarán, el 20 de mayo, la presidencia del país sudamericano.

Su nombre completo es Javier Alejandro Bertucci Carrero. A sus 48 años está casado, tiene tres hijos, conduce un programa de televisión y se le relaciona con al menos seis empresas. También fue pastor de una iglesia cristiana evangélica, pero dejó de serlo en febrero de 2018, para poder inscribirse como candidato presidencial por el partido Esperanza por el cambio.

Aunque confiesa que se siente más cómodo desempeñando el rol religioso, consiguió en la política una trinchera familiar: “Como es una política de servicio, me siento muy a gusto con lo que estoy haciendo”. Le ha funcionado: aunque sigue siendo el tercero en intención de voto, las encuestas revelan que el apoyo hacia el polifacético líder carismático ha ido creciendo, pese a sus antecedentes.

El nombre de Javier Bertucci figura en un expediente inconcluso de la justicia venezolana, por la presunta comisión de varios delitos, entre ellos el de contrabando agravado. Por eso cumplió dos años de arresto domiciliario. También aparece en la filtración de los Papeles de Panamá.

Aún hoy refuta la investigación que se llevó a cabo con base en los documentos del bufete Mossack Fonseca. Sin embargo, reconoce a la Agencia Anadolu que la polémica le ayudó: “El que no sabía de mí, se enteró”.

Bertucci asegura que la red de empresas que encabeza en Panamá, Estados Unidos, República Dominicana y Venezuela está conformada, en su mayoría, por compañías que iban a llevar a cabo proyectos que nunca se concretaron. “No tienen cuentas bancarias”, agrega.

Sin embargo, estas empresas aparecen “activas” en distintos registros, como también lo están sus empresas venezolanas, cuya actividad ha estado relacionada con la producción agrícola. Pero él asegura haber cedido todos sus recursos y propiedades a su organización religiosa, la iglesia Maranatha, que es la que ha patrocinado al menos la “parte social” de su campaña electoral.

En sus actos políticos el candidato ha repartido miles de platos de sopa, y ha colocado puestos de peluquería y barbería, así como colchones inflables. “Muy parecido al esquema de la obra social que yo venía haciendo”, asegura el expastor al referirse a la labor que desempeñó por una década como líder de su organización religiosa.

Así lo conoció Rafael Pérez, un carpintero de 34 años, que vive en el barrio Las Minas, al sureste de Caracas. “Voy a votar por Bertucci, no porque sea cristiano sino por las cosas que él ha hecho. Yo he visto por años que él ayuda a la gente”, argumenta.

En comunidades como la suya, Bertucci fue testigo del deterioro del país. Relata que lo  que empezó como un “clamor” de sus habitantes para que se lanzara a presidente pronto se convirtió en una “súplica”. “Entendí que los cambios que requiere la sociedad venezolana no los iba a poder hacer desde la arena religiosa sino desde la arena política”.

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